- Los renglones torcidos
Por: Fernando Tinajero
Dios escribe recto con renglones torcidos -dicen que dijo un santo (¿Agustín de Hipona, tal vez?) que se encontraba perplejo ante el contraste entre la perfección de los designios divinos y la torpeza de las acciones humanas. Sus palabras tenían, por supuesto, aquella fuerza que es propia de la fe que se abandona a la confianza en el plan de Dios , pese a todas las evidencias que se podrían acumular en contrario, y configuran la sustancia del providencialismo cristiano.
Comprensible (aunque cada día menos aceptable) en el plano religioso, parecería que aquella idea no hubiera podido subsistir en el horizonte del mundo moderno, definido por Weber como un mundo desencantado , es decir, un mundo del que se han evadido los dioses y en el cual, en consecuencia, ya no es posible encontrar designios superiores y ajenos a la voluntad humana. No obstante, una suerte de providencialismo laico es la que ha sustentado el pensamiento económico de la modernidad capitalista, que suele invocar con frecuencia la mano invisible de la que hablaba Adam Smith, y lo hace para depositar una ciega confianza en una instancia desconocida e indefinible.
Esta célebre fórmula, cuya sola presencia en la teoría económica es sorprendente, parecería subsumir el racionalismo en un fideísmo extraño, que confía en la corrección de las desigualdades sociales, pero no ya por la acción de un insondable plan de Dios, sino por la no menos insondable vigencia de las leyes del mercado.
Reacio a admitir cualquier forma de fe, y convencido de que la libertad es el modo de ser propio de la especie humana, no estoy dispuesto a dejarme seducir por ningún providencialismo, ya sea teológico o económico; pero debo agregar que tampoco me parece plausible ese providencialismo histórico, más positivista que marxista, que entiende la revolución como un proceso necesario (y, por lo tanto, inevitable), del cual deberá surgir, sin duda posible, el reino de la libertad. No admito, en consecuencia, la posibilidad de cohonestar cualquier clase de acciones en nombre de un proyecto revolucionario, por nobles que sean sus fines confesados.
Pienso, por el contrario, que si bien un proyecto histórico, cuando es legítimo, puede justificar los actos que conducen a su realización, aunque ellos choquen con los valores del mundo que se intenta superar, semejante justificación solo opera cuando el proceso esté cumplido y el proyecto se haya realizado. Es, por lo tanto, una justificación que solo puede aparecer en el dictamen de la historia: para quienes viven (o vivimos) en el curso de un proceso semejante, sin garantía alguna de conocer su futura culminación, la incertidumbre no termina. Y esa incertidumbre es, sin duda, el meollo de la existencia humana.
- Ensayo del reciclaje
Por: Pablo Ortiz García
Muchas veces me pregunté, qué cosas pueden reciclarse, porque los seres humanos no tienen esa posibilidad, ya que cumplido su ciclo en este mundo, mueren, desaparecen. Solo queda el recuerdo de su paso. El alma, según algunas religiones, vive la vida eterna.
El Diccionario de la Real Academia Española al definir la palabra reciclar, dice: Someter un material usado a un proceso para que se pueda volver a utilizar. 2. Dar formación complementaria a profesionales o técnicos para que amplíen y pongan al día sus conocimientos. 3. Dar una nueva formación a profesionales o técnicos para que actúen en otra especialidad. 4. Someter repetidamente una materia a un mismo ciclo, para ampliar o incrementar los efectos de este.
Se reciclan bienes materiales para utilizarlos nuevamente y evitar la desaparición de ciertos recursos naturales o la contaminación. Se recicla, por ejemplo, el papel para combatir la deforestación. Se recicla el plástico, como una forma de luchar contra la contaminación ambiental. Las botellas de vidrio se las utiliza, luego de un proceso de desinfección, por dos o más ocasiones. Algunas joyas se reciclan para fabricar nuevas alhajas, acorde con la moda impuesta por los diseñadores famosos.
El reciclaje de la gente está destinado, según las acepciones dos y tres, a que profesionales se actualicen en sus conocimientos y así ponerse a la altura de los tiempos. En el Diccionario del Uso Correcto del Español en el Ecuador, de Susana Cordero, se lee, respecto de este término, lo siguiente: En el proceso reciclan a la gente: todos revisan lo que saben y aprenden cosas nuevas. El reciclaje de personas tiene como supuesto el aprendizaje de nuevos temas; diversos a los de la especialidad adquirida con anterioridad.
El reciclaje de gente, se da porque el propio ser humano, en su afán de superación, desea mejorar, conocer algo nuevo o actualizar lo aprendido. Es algo innato de las personas inteligentes estudiar todos los días para no quedarse en la mediocridad.
El gobernante ha resuelto que varios de sus colaboradores más cercanos, removidos por él mismo de sus funciones anteriores por no cumplir sus expectativas, sean trasladados a otros cargos, en premio por esa ineficiencia. Esta es una forma de reciclarlos, pero con una dosis de corrupción, ya que se les favorece para que, ganando un sueldo, aprendan por obligación y no por deseo propio, nuevos oficios que, a lo mejor, nunca les llamó la atención.
Reciclar a funcionarios, me lleva a concluir que el cuadro de colaboradores es escaso. No de otra manera se entiende que recurra a los mismos, pero ubicándolos en otras posiciones, como si se tratara de jugadores de alguna disciplina que no requiere de inteligencia y capacidad.
- Mediocracia
Por: Gonzalo Ruiz Álvarez
José María Velasco Ibarra, cinco veces electo presidente del Ecuador y derrocado en cuatro ocasiones, decía: Dadme un balcón y seré presidente. Era la época de la retórica y la oratoria que cautivaba a las masas. Era tiempo del discurso y la proclama redentora. De las artes del manejo de las masas desde la tarima se valieron siempre y con distinto tono los políticos ecuatorianos populistas y de los otros.
Hace un par de décadas un reconocido caricaturista dibujó al Mandatario de turno con una banda presidencial con el lema: Mi poder en la televisión. De la gracia de la caricatura de entonces a la sobredosis de televisión y radio de hoy, la política ha echado mano de los medios de comunicación, los ha usado cuanto ha querido con la publicidad electoral millonaria y las cadenas oficiales y, para colmo, hace de su actividad blanco de las críticas más duras cuando se cansa de atosigar a distintos actores del establecimiento convencional: los partidos políticos, la banca, las élites.
Ante el regocijo de la plaza pública de cuanto pueblo y localidad visita el Mandatario hace de los ataques a los medios motivo de su propio deleite: que son mediocres, corruptos o gorditas horrorosas, que sirven a intereses cupulares y que no son interlocutores para estar a la altura de los vastos conocimientos y olfato político de quien por hoy ejerce un superpoder concentrado y construye un modelo hiperestatista de partido único y casi sin espacio a la disidencia.
Lo curioso de todo esto es que los medios son aquellos que en el libre juego del debate público han denunciado los actos de corrupción del pasado, han criticado las mañas que se escondían en las entrañas del viejo poder y han sometido a escrutinio público a los actores de la vida nacional. Han cuestionado su mediocridad y su poco interés por una democracia real donde la vocación de servicio a la mayoría sea virtud y no discurso, sea razón de ser y no catapulta arribista.
Curioso es también que la figura del actual Presidente y su enorme e innegable popularidad nacieron y crecieron en los espacios de la radio y la tele que poco a poco dieron cabida a sus ideas en el debate nacional, como corresponde al ejercicio responsable y plural del periodismo. Y allí estuvo en aquellos medios que luego, en el ejercicio del poder, descalifica y hasta insulta.
Curioso es, así mismo, que la hábil utilización de las cadenas televisivas, largas alocuciones semanales, sean el instrumento de un estilo de poder clientelar y populista, desde la tarima, el discurso o la pantalla, mientras un escándalo tapa a otro para intentar olvidar con el tema de la deuda las prohibiciones de Conartel y la captura de más medios a su haber -y ya son 10 en manos del Estado-, la ausencia de seguridad atribuida a la percepción, los reclamos indios por la ley minera, la insolvencia del aparato político para salir de la crisis institucional y la decapitación de Trajano como escarmiento para quienes osen disentir.
- Obama y el cambio
Por: Enrique Ayala Mora
La consigna del candidato triunfador en las elecciones de Estados Unidos fue necesitamos cambio. Con esa oferta el senador Obama logró un contundente triunfo. Así, según se afirma, se pueden esperar grandes trasformaciones y hasta quizá un giro de 180 grados en la conducción de la política norteamericana.
El nuevo Presidente pertenece al ala liberal de los demócratas, es afroamericano, de origen pobre y menor de 50 años. Todo ello apuntaría a que va a impulsar cambios. Pero surgen algunas preguntas: ¿Qué tan profundos van a ser? ¿Cómo afectarán a la política mundial? ¿Será todo ello positivo para Latinoamérica?
Desde luego que librarse de Bush ha sido para EE.UU. y para el mundo una buena noticia. Triunfador hace ocho años en un oscuro proceso electoral que en cualquier otro país se hubiera considerado como fraudulento, ha conducido a su país y a las potencias occidentales a una guerra en varios lugares del planeta, y a una recesión como no se veía en más de 70 años. Con obsesión fundamentalista dividió al mundo entre buenos y malos y declaró terroristas a sus adversarios. El resultado ha sido mayor enfrentamiento e inseguridad.
Es un indudable paso adelante el que el hijo de un negro inmigrante hubiera podido llegar a la Presidencia de EE.UU. Este es un signo de la apertura y flexibilidad de la sociedad norteamericana y su sistema político. También es buena noticia que las minorías hubieran puesto tanta esperanza en la elección.
En estas elecciones ha dominado el tema de la situación interna y ha pesado más que nada la crisis económica. Obama ha ofrecido una fuerte intervención del Estado para enfrentar la recesión, pero eso tiene límites y costos sociales, puesto que el capitalismo, y sobre todo los banqueros no distinguen entre negros o caucásicos. Será todo lo progresista que se quiera, pero el nuevo Presidente no tiene la menor intención de afectar, ni siquiera en las formalidades, al sistema económico norteamericano.
En cuanto a política exterior, se puede esperar una retirada de Iraq, aunque no de Afganistán. Quizá habrá menos histeria que ver terrorismo en todas partes. Pero nada nuevo hay para el Oriente Medio y no debe quedar duda sobre la intención de recobrar el liderazgo de América. Eso es imperialismo puro y duro.
Pero lo más preocupante es América Latina. Ni apareció en la campaña, ni hay expectativa de que sea un tema importante. Negro y todo, para Obama, como el resto de clase política norteamericana, seguimos siendo el traspatio. El cambio, si nos llega, puede ser más bien contraproducente. Para nosotros, el cambio ha de venir por lo que hagamos por nosotros y no de lo que hagan los electores norteamericanos.
- Deuda externa: un informe ideológico
Por: Editorial Diario El Comercio
Ayer se hizo público el esperado informe elaborado por la Comisión de la Deuda, sobre cuya base el Gobierno decidió declarar la moratoria técnica del pago del interés de los Bonos Global 2012.
Una vez conocido el documento, se corroboró la intención de empezar gestiones legales internacionales para dejar de pagar la deuda después de declararla ilegal e inmoral. Internamente, se ha dejado en manos de las autoridades de control la determinación de ilegalidades en las que habrían incurrido quienes intervinieron en los procesos de reestructuración de la deuda.
La decisión del Gobierno se ata con la acción realizada la víspera, cuando se presentó una demanda de arbitraje en la Cámara de Comercio Internacional de París, para no pagar el crédito del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social de Brasil para financiar la Central Hidroeléctrica San Francisco, a cargo de Odebrecht.
Pero si bien la intención gubernamental queda absolutamente clara, no se puede decir lo mismo de los fundamentos que tuvo una comisión de corte político para pronunciarse sobre aspectos básicamente técnicos. Eso se constata en que se da por hecho que hubo una gran confabulación de los organismos multilaterales y de los bancos internacionales con las autoridades locales de varios gobiernos, sin tomar para nada en cuenta las circunstancias que rodearon cada una de las renegociaciones y que ahora son juzgadas a la distancia con una visión prejuiciada.
Si ha habido delito, será necesario que se exhiban pruebas y que se garantice el debido proceso, lo cual resulta difícil cuando el Ejecutivo controla los otros poderes del Estado. Por lo demás, no está claro cómo el Gobierno se asegurará de que esta acción no resulte inútil o, peor aún, contraproducente para la economía en un momento delicado.
- El estilo Obama
Por: Enfoque Internacional
Como si no hubiera habido vencedores ni vencidos en las elecciones, el presidente electo de los Estados Unidos, Barack Obama, se reunió con su adversario, John McCain, y se mostró dispuesto a recibir su cooperación en el duro trance que significará enfrentar la crisis económica y otros retos. Fue un gesto sin precedente en la historia contemporánea, así como lo es la posibilidad de que el próximo gabinete esté integrado por miembros del Partido Republicano.
Obviamente, Obama se propone una nueva era de reformas y necesitará el respaldo de la oposición republicana en el Capitolio. Si un senador experimentado como McCain hubiera percibido en la convocatoria del Presidente electo medio gramo de interés en perjudicarlo, no habría dudado en rechazar la invitación..
Sin mezquindad, Obama valoró durante la campaña las enseñanzas recibidas de varios senadores republicanos, como Richard Lugar, de los cuales, dijo, aprendió más que con los demócratas sobre política exterior. Su meta inmediata, no obstante, no será solo recomponer la degradada imagen de los EE.UU. en el mundo, sino, restaurar la confianza de los ciudadanos de su propio país en el Gobierno. En su gabinete estará Robert Gates, actual secretario de Defensa, una señal de la apertura que tendrá hacia la oposición.
Demócratas y republicanos no piensan igual sobre determinados temas, pero tampoco abrevan en políticas coyunturales que solo sirven para salir del paso. Las hay, desde luego, como el rescate de los bancos en apuros aprobado por la Cámara de Representantes. El pacto alcanzado con McCain, apartado de la política tradicional, refiere una preocupación compartida por restaurar la eficacia del Gobierno, más allá de las penosas circunstancias en las cuales quedará el país después de los ocho años de gobierno de George W. Bush.
Obama necesitará el voto de los republicanos para aprobar proyectos de gran importancia para su gobierno, como el anunciado cierre de la prisión de Guantánamo, la derogación de las leyes que autorizan la tortura, la redistribución en Afganistán de las tropas que regresen de Iraq y el ajuste de las normas para combatir el cambio climático.
McCain merecía un gesto de esta magnitud, no solo por ser quizás el último candidato presidencial de la generación de héroes de Vietnam, sino por haber sido realista durante la campaña y haber aceptado el veredicto popular con un espíritu amplio en el cual hizo prevalecer el amor a su país antes que nada. La disposición a trabajar en conjunto con Obama demuestra la importancia de invertir en consolidar el sistema democrático en lugar de insistir en afianzar la democracia electoral. Eso sucede en la Argentina y otros países de América Latina en los cuales se vive en campaña permanente.
La Nación, Buenos Aires, GDA
- Atrevidos y desmemoriados
Por: María Cárdenas R.
Hago eco de las palabras de un preocupado ciudadano quiteño que, casualmente, a su vez, repite el desasosiego de muchos, para no decir todos los que vivimos en esta urbe. Nuestra ciudad está en crisis.
No podemos cerrar los ojos, está enferma y nuestra obligación, como habitantes, es sacarla de su situación. Quito debería estar en una intensa discusión pública sobre quién va a ser el próximo Alcalde de la ciudad, quién tiene el espíritu, la mentalidad, la voluntad para poder ser mandatario de una ciudad que hemos permitido se desboque. No podemos transar con pequeños políticos ni con fuerzas sociales o políticas, también diminutas en sus mezquinos deseos.
La única manera de hacerlo es a través de la belleza y la pureza de quien demuestre ser un líder para buscar el camino del cambio definitivo e indispensable. Ese hombre o mujer debe estar por ahí. ¿Quién, entonces, puede atreverse a ser candidato a la Alcaldía de Quito? Frente a desmemoriados que realmente olvidamos, por conveniencia, casi todo.
Todos, hombres y mujeres, podrían ser candidatos, es la realidad. ¿Permitiríamos tal atrevimiento? Por otro lado, ¿es tanta la pérdida de memoria, que dejamos que cualquiera ose a una candidatura? No nos preguntamos de dónde vienen los fondos, suficientes, para soportar una campaña fucsia de dos años. ¿Qué valiosa participación ha demostrado su valía como líder? La verdad ninguna, y todos seguimos callados, incluso la prensa que olvida su deber, el de investigar.
Hay voces de otros candidatos, uno piensa que el agua y el aceite se pueden mezclar y, que eso, es política responsable. Le decimos sin temor, así no se hace. Otro, que por forajido e intrépido anduvo de ministerio en ministerio, como un famoso gabinete itinerante. Con la fuerza que cree poseer, camina por ahí con su séquito, como si ya ocupara el trono.
Casi confiamos en otro; quien dejó de lado sus valores y apoyó rupturas y movimientos sociales, quien, como está de moda, ya fue desechado. Ni así guardó su puesto en el juego de las sillas. Entregamos nuestra fe al héroe y sí, se probó, pero, las fuerzas políticas parecen cegarlo de un tiempo acá, mientras, su liderazgo se desvanece en un baile de propuestas que desconciertan y crean especulación. ¿Mientras tanto, qué pasa con la ciudad? ¿Pago por la confianza entregada en sus manos?
La batalla no está perdida, nuestras conciencias serán soldados, nuestra memoria, armas, no descansarán hasta lograr la verdad. No permitamos que fuerzas que sentimos que no controlamos, se tomen la urbe. Nuestra responsabilidad es permitir que solo se atrevan aquellos que tengan la valentía y valía personal para liderar Quito, capital del Ecuador, primer Patrimonio Cultural de la Humanidad. No permitamos que la desmemoria sea la guía del votante.
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